Marula es el nombre artístico de Mayra Vázquez, una videojockey gallega que triunfa en los clubs de moda de varias capitales asiáticas y europeas. Desde Beijing, donde vive desde hace un tiempo, nos cuenta en qué consiste su trabajo y cuales son sus proyectos futuros.
¿En qué consiste exactamente el trabajo de una videojockey?
Una videojockey o Vj es una persona que complementa con imágenes en movimiento un audio determinado. Que improvisa y desarrolla composiciones visuales en tiempo real mezclando pequeños fragmentos de material pre-producido al ritmo de la música. Un Vj tiene una forma parecida de trabajar a la de un músico de jazz, sólo que con imágenes.
¿En qué tipo de espacios sueles realizar tu trabajo?
En espacios muy diferentes: en la red, en museos, en galerías, en festivales, en clubs… Creo que es muy importante que hagamos el esfuerzo de mostrar la cultura audiovisual contemporánea en diferentes espacios y para diferentes públicos, y en particular el Vjing que está demasiado asociado al concepto de fiesta y club. Creo en el Vjing como medio artístico, y como tal me parece que puede y debe estar también presente en los circuitos del arte.
¿Se requieren unos conocimientos tecnológicos muy amplios?
Más que requerirse, son importantes, porque además de la parte creativa y estética, quizás sea otro aspecto que pueda diferenciar a un mal Vj de uno bueno. Detrás de un Vj hay mucho trabajo previo de producción de material visual.
Has llevado tus creaciones a numerosos festivales internacionales y participado en muchas exposiciones, ¿destacarías alguno en especial?
Aunque todos siempre tienen algo especial, uno de los que más se ha quedado en mi memoria es un festival al que asistí hace dos años en Marsella, Opus VJ.
En 2008 fuiste seleccionada por la Asociación Internacional de Críticos de Arte como representante española en la Exhibición Europea de Jóvenes Artistas. ¿Qué supone este importante reconocimiento para tu trabajo?
Pues siempre es un orgullo, y más cuando es un trabajo que en un principio ha estado más relacionado con el ocio que con el arte. Fue un proceso bastante duro de selección que duró meses. Una vez elegidos los representantes de cada país se realizó una exposición colectiva en diferentes museos europeos. Aunque cada vez el límite entre las artes está más difuminado, es genial para todos los que nos dedicamos a esto que este tipo de trabajo sea reconocido por una organización tan importante como un proceso artístico tan válido como cualquier otro.
Llevas año y medio viviendo en Beijing y has tenido ocasión por ejemplo de ver la trasformación de la ciudad para los Juegos Olímpicos. ¿Cómo es la vida allí?
Vivir aquí es toda una experiencia, una mezcla de tranquilidad y efervescencia. Tranquilidad porque muchas cosas a las que en occidente les damos importancia, aquí dejan de tenerla. Lo que más me gusta es la simplicidad y la amabilidad de la gente, su sentido artístico, el idioma y la comida, que no tiene nada que ver con los rollitos de primavera y el arroz tres delicias. Lo que menos la censura, la polución y que se están dejando influenciar cada vez más por el consumismo occidental.
¿Algún proyecto presente o futuro del que nos quieras hablar?
Estoy enfrascada al 100% en un proyecto que se llama CORE Labs, una plataforma artística en Beijing que intenta unir la cultura digital, audiovisual y multimedia entre oriente y occidente a través de colaboraciones, networking y proyectos artísticos. En este proyecto estamos un grupo de personas que creemos firmemente en la capacidad de unir personas y sociedades a través del arte, la cultura y la tecnología.